martes, 14 de mayo de 2024

Una vida disoluta


Madame Bovary es, con justicia, una de las novelas que ha captado el interés de una buena porción de lectores. Escrita por la maravillosa pluma de Gustave Flaubert (1821-1880), es rica en descripciones y personajes de gran vivacidad. Su protagonista principal, Emma Bovary, es asidua lectora de novelas clásicas de autores como Walter Scott y Honoré de Balzac; rápidamente sucumbe ante el idealismo de sus historias y la monotonía de su matrimonio. Quiere algo más, una aventura de personaje novesleco, pretende ser la heroína de esa aventura. Y lo consigue...a medias. Los desenlaces de esa aventura son penosos y la novela obtiene como resultado un final terrible, tanto para ella como para su familia. Ambientada en la Francia post-napoleonica, Madame Bovary crea ciertos complejos interesantes, por ejemplo, que cuánto mas cariño se le tiene a algo o alguien, más desprecio se le tiene, como resultado, a otros. También trata sobre que los pecados o las indecisiones de ciertas personas recaen en la vida de terceros, y de que la incompetencia es un vicio muy perjudicial. Ampliamente moralista por tratar un tema tan llamativo y estructurado a lo largo del siglo XIX como es la novela de la adúltera, supo llevarse varios partidarios a su lectura desee su primera a su última edición.

 Está dividida en dos partes o libros. La primera ampliamente descriptiva, desde la óptica del narrador-testigo, aborda que Charles comenzó a estudiar medicina hasta el nacimiento de la hija del matrimonio, pasando por la vida nupcial y el conocimiento de la pareja. La segunda parte es la más interesante, en donde se trata el desenlace de la historia.

Existe, en la novela, un personaje que representa a la muerte, es un mísero pordiosero. La muerte puede aparentar ser miserable en la mayoría de los casos y, cuál hambriento pordiosero, se devora nuestras ilusiones y sueños cuando le damos ocasión 


Yamil Artigas

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