Madame Bovary es, con justicia, una de las novelas que ha captado el interés de una buena porción de lectores. Escrita por la maravillosa pluma de Gustave Flaubert (1821-1880), es rica en descripciones y personajes de gran vivacidad. Su protagonista principal, Emma Bovary, es asidua lectora de novelas clásicas de autores como Walter Scott y Honoré de Balzac; rápidamente sucumbe ante el idealismo de sus historias y la monotonía de su matrimonio. Quiere algo más, una aventura de personaje novesleco, pretende ser la heroína de esa aventura. Y lo consigue...a medias. Los desenlaces de esa aventura son penosos y la novela obtiene como resultado un final terrible, tanto para ella como para su familia. Ambientada en la Francia post-napoleonica, Madame Bovary crea ciertos complejos interesantes, por ejemplo, que cuánto mas cariño se le tiene a algo o alguien, más desprecio se le tiene, como resultado, a otros. También trata sobre que los pecados o las indecisiones de ciertas personas recaen en la vida de terceros, y de que la incompetencia es un vicio muy perjudicial. Ampliamente moralista por tratar un tema tan llamativo y estructurado a lo largo del siglo XIX como es la novela de la adúltera, supo llevarse varios partidarios a su lectura desee su primera a su última edición.
Está dividida en dos partes o libros. La primera ampliamente descriptiva, desde la óptica del narrador-testigo, aborda que Charles comenzó a estudiar medicina hasta el nacimiento de la hija del matrimonio, pasando por la vida nupcial y el conocimiento de la pareja. La segunda parte es la más interesante, en donde se trata el desenlace de la historia.
Existe, en la novela, un personaje que representa a la muerte, es un mísero pordiosero. La muerte puede aparentar ser miserable en la mayoría de los casos y, cuál hambriento pordiosero, se devora nuestras ilusiones y sueños cuando le damos ocasión
Yamil Artigas
No hay comentarios.:
Publicar un comentario