Fulgor.
Como no cantar a la fuerza que resurge
de la entraña profunda de la tierra,
o al fulgor matinal que se renueva
invocado por el mar y por la arena.
Cuando el fuego voraz destruyó todo
con la venia del vil, purificando,
las aguas impolutas se apartaron
pues un cruel Poseidón estaba al mando.
Sumergidas las almas y los sueños,
sujetadas voluntades por el miedo,
escondidos bajo tierra cual fantasmas
se quebraban los abrazos y los credos.
Que poder silencioso es que proclama
con luz resplandeciente de tormenta
el momento febril en que la vida
emergerá rozagante cual diadema?
¿Hasta cuándo podrá el hombre con su mano
Detener los cauces de los ríos,
O el brotar frugal de aquella hierba
Con que alguna alimaña hará su nido.
Amanece, la aurora fulgurando
Renovándolo todo en su regazo.
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