FINAL DEL CAMINO
Queridos hermanos y compañeros de viaje:
los días en los cuales
los precursores tanto han admirado
por su inepta estabilidad,
que hacían presagiar aventuras y amoríos;
los días gloriosos,
en cuyo estandarte hicimos descansar una cofradía
de muertes ilustres;
esos mismos días se han ido.
Los días con afrentas
en los que concluirán todo regocijo y confort,
han llegado.
¿Qué montaña estamos dispuestos
a escalar con la mano desnuda?
La vacuidad de nuestra perenne impotencia
se asocia con una descabellada rebelión.
Añoramos los días idos,
pues ellos atesoran el perfume marchito de la vida.
Nos guardamos las inclinaciones pecaminosas
y de todos los agravios inútiles,
porque los gestores de esta hazaña se han retirado.
Disfrutamos de la primavera
en nuestros corazones.
Ahora ansiamos que
el glorioso ocaso de nuestros gestores
sople un viento sereno en este invierno
de nuestra vida.
Sabemos como la naturaleza de ciertos hábitos
engrandecen nuestro sentimiento de pena.
Un coro gigantesco de zorzales
cantando un himno de vana esperanza oiremos.
Los pequeños guardarán las rapsodias
para divulgarlos a las futuras generaciones.
Guardad, hermanos míos, vuestras azadas y rastrillos.
El jardín ya no se puede cultivar
pues las plantas rebeldes han declarado
guerra abierta a las azucenas y los gladiolos.
Se ha cernido el silencio en el patio
posterior que linda con la barbarie.
¡Oh hermanos, tanta es la angustia
que somete a mi espíritu
como una pluma aplastada por una roca inmensa!
¡Las jornadas que premedita la agonía
han derrumbado mis oídos,
como la antorcha que nos ilumina de día,
como el satélite a quien le cantan los grillos!
¡Como si las inspiradas lamentaciones del profeta
hicieran mella en la sensibilidad de mi alma!
¡Una sombra decidida
que antaño inspiraba tan solo un disgusto,
es la desazón que me alimenta!
¡Oh hermanos, haced vuestras estas congojas,
y llorad, sufrid, sufrid conmigo!
Queridos compañeros de viaje,
queridos hermanos que sufren conmigo:
no tengais la esperanza
de ver luz al final del camino.
Guardad las piedras y continuad caminando conmigo.
Hermanos y compañeros de viaje,
vigilad vuestro camino.
Yamil Leonel Rogelio Artigas. Todos los derechos reservados.
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